A Isabel de la Torre

Respuesta a esta entrada de Facebook que se ha hecho viral

 

 

Estimada Sra. De la Torre:

¡Cuánta razón tenía Elisabeth Noelle-Neumann cuando escribió “La espiral del silencio”! La viralidad de su escrito en las redes sociales es proporcional al miedo a responder a tanta demagogia populista.

Para empezar, critica Usted a la presidenta de la Junta de Andalucía aludiendo a su rol de madre. ¿Existe algo más machista que eso? ¿Lo hubiera hecho de haber sido un hombre el presidente? Y todo porque anuncia medidas que permiten conciliar mejor aunque no solucionan el problema de fondo. Sin embargo, no logro encontrar ningún escrito suyo sobre los horarios laborales en España, los permisos de maternidad o de otros derechos sociales que dependen en exclusividad del Gobierno de España. No encuentro en su Facebook nada sobre ninguna política de igualdad del Gobierno de Rajoy. Ayúdeme a verlo.

Usted, que sí sabe qué necesita Andalucía, insulta a quien le trae medio vaso de agua, pero no dice nada de quien se la niega.

¡Cuánta demagogia! Quién no va a querer comer con sus hijos, quién no va a querer que las bajas maternales duren más, quién no va a querer poder llevarlos al médico…

Pero lo peor es que generaliza. Usted opina por todas las madres. Aunque debe saber que, al menos, no lo hace por la mía. Mi madre tuvo seis hijos y hubiera deseado con todas sus fuerzas que existiesen aulas matinales y actividades extraescolares. Seguramente sólo para haber seguido trabajando, por la tarde, en sus labores, que era la forma más machista de reducir a tres palabras todo lo que hacía. Porque mi madre no tenía el título de enfermera, como Usted, pero nos curaba y nos cuidaba, nos enseñaba, nos lavaba y nos daba de comer, mientras mi padre trabajaba en la mina. Pero Usted no piensa en otras madres con más hijos, ni siquiera en las que trabajan en sus hogares o en las que, desesperadamente, trabajan buscando trabajo, Usted sólo habla por Usted, aunque generalizando.

Continúo: mi hermana tiene dos niños pequeños, y se siente muy mala madre por no poder atenderlos todo lo que quisiera, ya que tiene que trabajar mañana y tarde en su despacho, y noches y madrugadas en su casa. Los tiene apuntados a cien mil actividades extraescolares, y ellos están encantados. Mi hermana además de ser una heroína, puede permitirse pagarlas, porque trabaja, igual que Usted. Sin embargo, agradece que se implanten de forma gratuita en los colegios porque la mayoría de las familias no pueden pagarlas. Y claro que le gustaría trabajar sólo hasta el mediodía, pero agradece que, mientras llega ese día, alguien se preocupe de promover medidas que ayuden a las familias.

Y yo, que no tengo ningún hijo, pago impuestos (y no me arrepiento ni me quejo aun sabiendo que pago mucho más que Usted) para que todo esto sea así: para que mis sobrinos –y sus hijos- tengan acceso a la sanidad, libros de texto gratuitos, comedores escolares, transporte escolar y, además, aulas matinales y colegios abiertos por las tardes, como en ninguna otra comunidad autónoma española. Y muy orgulloso me siento de ello.

Pero qué injusto es todo. Porque si fuera un hombre no le habría nombrado a su hijo, y sólo habría caído en la demagogia de los chóferes, el servicio en casa, el dinero robado y los impuestos. Aunque con eso se intuye su ideología, y de ahí al machismo debe haber poco.

PD:
Conozco a Susana Díaz desde hace muchos años, casi tantos como ha tardado en poder tener a su hijo (lo que más ama del mundo), y no es que no tenga personal de servicio en casa, es que vive humildemente igual que ha hecho siempre –puede preguntar en su barrio-.

Su hijo comparte con otros tres primos a sus abuelos, los padres de Susana, que se cruzan con otros abuelos por Triana empujando carritos y que como tantos otros cientos de miles han sido hasta ahora las aulas matinales y las actividades extraescolares de las familias. ¿No ha pensado Usted que también es necesario aliviar la carga de los abuelos?

Un día le pregunté si le merecía la pena seguir dedicándose a la política y pasar tantas horas sin ver a su hijo, y me dijo que lo único que esperaba es que, el día de mañana, él lo entendiera y pensara que su madre había luchado para que pudiera disfrutar de una Andalucía mejor que la que ella había tenido.

Atentamente, alguien cansado de la demagogia.

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Me joden los muertos

Me joden los muertos. En cualquier sitio. Y también me joden los que quieren competir en las redes sociales atribuyéndose el dolor de los que están más lejos o más cerca. Que si hay personas con banderas de Francia o Bélgica y no con las de Irak o Pakistán, que si ‘Je suis Bruxelles’ y no ‘Je suis Liban’. A mí me duelen los muertos que salen en los telediarios y los que no, pero no soy nadie para reprochar a otra persona por quién siente dolor o por qué pone una bandera y no otra.
No me gustan los adalides del pesamiento correcto, igual que no me gusta que se juzgue el dolor sólo por llevar un luto (o una bandera -u otra-).
Llevan años atentando en África o en Oriente Medio y no cambió nada en nuestras vidas -tampoco en las vuestras-, porque todos somos cómplices de nuestra hipócrita sociedad; así que no esperéis a que a alguien le duela París o Bruselas para recordarles lo que sucede en otros sitios, porque el afecto por la proximidad es algo inherente al ser humano y eso no significa que sean frívolos con la barbarie lejana.
Y es que, en estos días, leo a gente que parece culpar a quién siente dolor del mal en el mundo. Y eso también es malo, e incita al odio de la misma forma.

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MUCHO POR HACER

(A las mujeres que se dedican a la política)

Otro 8 de marzo. Ahora toca decir que todos los días son 8 de marzo o que ojalá no tuviera que celebrarse nunca. Pero no, no todos son. Hoy llenamos las redes sociales  de fotografías, vídeos y consignas; algún hashtag ocurrente y reivindicativo y, tal vez, alguna cadena viral. Al menos sirve para eso: para que nos paremos a reflexionar, para que tú te des cuenta de algo, para que yo escriba esto.

Vivimos en una sociedad profundamente machista en la que oímos a menudo gilipolleces que se tornan sentencias por la de veces que las escuchamos y leemos. ¿Cuántas veces hemos oído que los hombres también son víctimas de la violencia de género o lo de las denuncias falsas? Y es que una mentira repetida muchas veces jamás deja de ser mentira, pero no deja de oírse.

Sin embargo, hoy, en todos los medios de comunicación y en las redes sociales, se va a hablar de todo esto y, por eso, yo voy a contar otra cosa.

A mí el machismo que más me duele es el que veo y noto en la política, no sólo porque es donde me muevo más, sino porque se supone que la política es desde donde podemos cambiar esta absurda realidad, pero qué difícil es combatir el machismo usando elementos machistas, como son los propios partidos políticos y las instituciones. Y es cierto que el machismo lo sufre igual una abogada que una camarera, y que las políticas y gestoras públicas no van a diferenciarse en esto, pero qué triste es darse de bruces, una y otra vez, con ese sigiloso machismo que se esconde en un partido que aspira a cambiar las cosas y, peor aún, en un partido que abandera la igualdad.

Yo milito en el PSOE desde 1998. He tenido la suerte de conocer mi partido desde dentro. He trabajado en distintas instituciones y, casualmente, al frente de ellas siempre he tenido como jefa a una mujer. Cuando dirigía las Juventudes Socialistas mis personas de más confianza eran mujeres y, de sobra, siempre estaban mejor y más preparadas que yo. Pero a ellas, a las que me refiero, les ha costado siempre llegar más que a mí.

Los que hemos ejercido la política en pueblos pequeños sabemos lo difícil que es para una mujer poder dedicarse a ello y, hasta hace muy poco, lo criticadas que eran sólo por eso. Hoy en día, seguimos escuchando a gente que está en contra de las listas cremalleras o de las cuotas. ¡Si no fuera por las cuotas!

Pero esto no es todo. Continuamente escucho piropos que cosifican a las mujeres y estoy seguro que las incomodan. Y, para más inri, a diario vemos rankings sobre las políticas más guapas en diarios nacionales y jamás ninguno sobre su eficiencia o lo bien o mal que hacen las cosas. Y esto, trasladado a nuestro ámbito más cercano, se convierte en chistecitos sobre la belleza de alguna servidora pública concejala, alcaldesa o parlamentaria. Es muy penoso, sí. Que si Inés Arrimadas es muy guapa o si  Andrea Levy “se bebe los vientos” por alguien. Qué lástima.

Así que permitidme que este 8 de marzo vaya por ellas: por las que se dedican a la política e, irónicamente, sufren lo mismo que ansían cambiar. Dejadme que lo dedique a las que en sus pueblos y ciudades representan a distintos partidos políticos y, sólo por eso, reciben críticas e insultos que apelan a su sexo y no a su trabajo. Por todas esas mujeres que han sido juzgadas una y otra vez por sus circunstancias personales como si eso tuviera que ver con sus perfiles públicos. Que si se acuestan, se levantan, van o vienen.

Y por cercanía, en primer lugar, voy a dedicárselo a mis compañeras de partido. Hace ya un siglo que Pablo Iglesias escribió: “Del Partido Socialista forman parte las mujeres, y es natural que así sea, porque si los hombres necesitan emanciparse, ellas lo necesitan más, por ser mayor su esclavitud, y para acabar con ella no pueden ir a otro partido, ya que solamente el socialista lucha por la desaparición de todas las esclavitudes”.

Pero somos el partido que mejor representa a nuestra sociedad, y nuestra sociedad es machista, así que es difícil evitar serlo por mucho que estemos luchando por acabar con tanto machismo. Así que, mientras lo erradicamos, mis compañeras tienen que demostrar el doble que nosotros, son juzgadas incluso por cómo visten y, encima, cuando son jóvenes, tienen doble exigencia.

Mucho por hacer.

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Los domingos tarde siempre

La inmensidad de los ojos de Margot mientras fuma a escondidas, los amigos de Suso construyendo su torre, el histrionismo de Jarvis Cocker.

Un fin de semana más y volvemos el próximo sábado, dice Carme Chaparro al fondo.

Con los ojos cerrados no hay más. Con los ojos abiertos no existe nada a la vuelta de la puerta.

Hemos crecido con bocadillos de Nocilla, hemos borrado nombres de la agenda del teléfono, hemos llorado con el final de “Un mundo perfecto” y nos hemos reído de nosotros mismos.

Anda, coge lápiz y papel y apúntame el número de tu prima, me dice mi madre, y ve al Casino a por una ración de chocos.

Y del colegio al instituto, viajando en aquel vagón lleno de olor a domingo tarde. Calañas, Gibraleón, Huelva.

David, yo cojo el 2, mañana nos vemos en el recreo.

¡Qué rollo! Mañana tengo que volver a madrugar con el frío que hace, y creo que no hay café. A ver si Sara se acuerda y lo compra.

He debido vivir muchos domingos, me digo. Unos 1878 haciendo las cuentas por encima. Así que este tampoco va a ser el peor.

Al fin y al cabo, los lunes no siempre son lunes y, al sol o a la sombra, siempre pueden ser nuevos.

Ahí debe estar el secreto: en esperar que suceda algo que deseas, y para eso da igual el día. Siempre podemos brindar.

Joselín, ponme una Radler.

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La lealtad

Hay personas que tienen una habilidad especial para contar.

Hoy ha venido a verme mi Hermano Oso. Él tenía que traerme su regalo de Reyes y contarme las cosas no urgentes de la vida, y para una tarde de domingo no está nada mal.

Yo no sé contar las cosas como él lo hace.

El disco de Bowie y la sabiduría de sus palabras casi llenan un cenicero.

-Qué nos gusta regalarnos cosas de la gente que muere. ¿Verdad, hermano?

-Los grandes siempre están con nosotros.

Mi hermano me ha hablado de la lealtad y la honestidad. Sus historias siempre tienen que ver con eso.

Pero no sólo no sé contar, yo no sé escribir tampoco. De hecho, no escribo: Yo busco sentencias o poemas que recuerdo entre los cientos de libros que me rodean, después voy quitando y poniendo cedés mientras voy amontonando carátulas en el suelo, y termino buscando en Internet letras de canciones que no he escuchado o releo los viejos cuadernos de versos y frases apuntadas. Es la única forma que tengo para expresar algo, para contar algo, para escribir algo, porque casi siempre alguien ya lo ha hecho de mejor forma antes. No puedo escribir sin revisar a Borges, Sabina, Benedetti o Cortázar, por respeto. Así que sólo escribo cuando no se ha dicho o cuando yo, torpemente, no lo he encontrado.

Sobre mi Hermano Oso y la lealtad hay poco escrito.

Hace un rato me ha explicado dos o tres cosas fundamentales sobre la vida, sobre los amigos y sobre los años que pasan en balde. Él cree que hay que vivir apasionadamente como si marzo nunca fuera a llegar porque en marzo empieza una nueva vida y puede que ya no haya más treguas.

Yo lo miro, sonrío y asiento disciplinadamente con la cabeza. No paro de escucharlo. A mí muchas veces me han dicho que no sé escuchar, que es como si tuviera Síndrome de Atención Dispersa porque me aburro en algunas conversaciones. El caso es que hay muchas personas a las que escucho boquiabierto, con admiración y, encima, cuando se van, las extraño y me duelen los kilómetros de separación que hay entre nosotros. Hay una sola cosa que mitiga todo eso: la lealtad.

leal

Del lat. legālis.

  1. adj. Que guarda a alguien o algo la debida fidelidad. U. t. c. s.
  2. adj. Fidedigno, verídico y fiel, en el trato o en el desempeño de un oficio o cargo.
  3. adj. Dicho de una acción: Propia de una persona fiel.
  4. adj. Dicho de un animal doméstico, como el perro o el caballo: Que muestra al hombre cierta especie de amor, fidelidad y reconocimiento.
  5. adj. Dicho de una caballería: Que no es falsa.
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Pienso en ti

cuando la noche me palpita

y a lo lejos no oigo nada.

Estás en mí,

me curas

todas las veces necesarias.

Llegas los viernes de mi niñez

y los sábados noche de mi adolescencia.

Siempre llegas,

en todos los recuerdos.

Estás.

Silbas.

Cuidas.

Eres

analgésico cuando me duelo,

anestésico cuando me invento,

aséptico y biótico:

necesario.

Francisco

Minientrada

El domingo

Vi domingos todos los días del año
Horas muertas echando humo
Incendios de primavera
Domingo por la mañana
Después del café
Pastillas para no soñar
Insuficiencia respiratoria
Motos en la tele
Todo el día fue domingo
Con ropa de misa comiendo fuera
Cajas vacías y ruidos
Tarde de domingo
Frío en el cuerpo
Pies mojados
Domingo que duró una semana
Rodillas
Alma calada sin avisar
Se fue el domingo y todo detrás
Infinito lunes

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