No miremos el autobús

El Efecto Streisand se estudia en marketing para explicar la publicidad que se le hace a algo que quieres ocultar por el simple hecho de denunciarlo. Es un término que se ha hecho muy popular en los últimos años y que se acuñó después de que la actriz Barbra Streisand pidiera que retiraran una foto de su mansión en California que, por supuesto, se hizo viral.

En los últimos días, todos hemos participado de la campaña de Hazte Oír y el autobús tránsfobo. De alguna u otra forma hemos difundido su mensaje que, de no ser por nosotros, no habría llegado a todo el país.

Es hora de que nos preguntemos si estamos consiguiendo lo que buscamos en situaciones como esta. Quizás sea el momento de hacer un análisis en el que entren en juego la ética social y la deontología periodística para saber qué hacer en casos así.

Lógico es -además de obligado- que denunciemos estas campañas, pero debemos pensar si precisamente ayudamos a conseguir lo que realmente quieren y, por lo tanto, nos convertimos en medios para su fin.

Basándonos en ese proverbio que decía que “cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo”, deberíamos dejar de mirar el autobús y ver más allá. Y es que vivimos en un país donde sociedades radicales de ultraderecha campan a sus anchas y reciben subvenciones públicas.

Preguntémonos de dónde salen los fondos que reciben los ultracatólicos de Hazte Oír con oficina en el madrileño Paseo de la Habana. Una asociación, liderada por un pariente de Rodrigo Rato, que nació en 2001 para apoyar a Aznar con manifestaciones callejeras, y que continuó haciendo oposición a Zapatero y protestando contra el matrimonio igualitario, la Ley del aborto o Educación para la Ciudadanía.

El problema no es el autobús, el problema está a nuestro alrededor y es endémico a nuestro país, donde el fascismo, imbricado en la sociedad, se ha normalizado. Existen grupos secretos de extrema derecha como El Yunque, sindicatos ultras como Manos Limpias, lobbies cristianizadores como el Centro Jurídico Tomás Moro, asociaciones provida, y hasta una Fundación Francisco Franco, que se mueven -ora apoyo institucional, ora apoyo episcopal- y tienen tanta presencia en la vida pública que, incluso -como en el caso de Hazte Oír-, el ministro de Interior las declara de “interés público” y les otorga beneficios fiscales a sus donantes.

No, el problema no es el autobús, el problema es que va lleno.

 

 

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