Cartas desde Casa Labra

Si hay algo que tenemos que agradecer a Podemos (más bien a Íñigo Errejón) es que haya devuelto a la actualidad la obra de Antonio Gramsci y, mucho más aún, que rescatase su concepto de hegemonía en una suerte de reinterpretación que ya quisiera Laclau.

El nuevo concepto de hegemonía, casi un siglo después del de Gramsci, explica de igual forma la falta de valores del postmodernismo que la crisis política actual.

La hegemonía como forma de acceso al poder actual. Que la gente se crea el nuevo discurso para encumbrar al nuevo líder al espacio hegemónico vigente. Esto pasa por crear nuevas instituciones o, al menos, estados de opinión que permitan acabar con las instituciones  hegemónicas dominantes.

En la guerra de posiciones por controlar el espacio político hay que tener una presencia constante en los medios masivos de comunicación donde colar el nuevo relato hegemónico.

Además, hay que acabar con los símbolos, con los valores, con la ideología dominante.

Ya decía que esta teoría marxista postmoderna, sin duda alguna, merece ser estudiada, tal como han hecho en Podemos, porque así podremos entender mejor algunas cosas.

En los últimos años, el PSOE ha ido perdiendo algunos de sus símbolos y abandonando la vanguardia en algunos de los discursos sociales. En algunas ocasiones, la realidad se ha cebado con la utopía o, como en la actualidad, nuevos actores políticos han pugnado por espacios que, conformando nuevos estados de opinión, han acabado conquistando. En otras, ha sido el propio PSOE el que ha sustituido un símbolo por otro, algo que, como sostenía Tillich, es un error cuando hablamos de política. Y, de esta forma, desaparecieron el puño y la rosa, o el periódico -ahora recuperado- El Socialista o, por ejemplo, se utilizó el color azul en lugar del rojo en algunas campañas electorales.

Pero no sólo hablamos de logos, banderas y colores. Ahora estamos asistiendo al deterioro constante de la imagen pública de los más conocidos valores del socialismo español. Así, en el último año, se ha desprestigiado a Felipe González, a Alfredo Pérez Rubalcaba, a Zapatero, a Alfonso Guerra y a todo el que hubiera sido un potencial peligro -entendiéndose esto como aglutinador de socialistas-.

Lo cierto es que debemos reconocer a los teóricos políticos de Podemos que esta batalla la van ganando en su lucha por la hegemonía rescatada de Gramsci. Mientras ellos han repescado con vítores y loas a Anguita o Monereo, muchos socialistas han ido renegando de sus propios compañeros y, al final, se han perdido por no encontrar ningún faro que guíe su militancia.

Desde las declaraciones de la “cal viva” hasta ahora, parece como si el PSOE no hubiera hecho nada en este país, no ya desde la llegada de la Democracia, sino en ninguno de sus casi 140 años de historia.

Es una cuestión de perspectiva, tal como Clint Eastwood retrata en su díptico  sobre la batalla de Iwo Jima, que inspira estas líneas.labra

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