Entre pitos y flautas

Normalmente quienes insultan los símbolos de los demás son quienes más sensibles son con los suyos, así que yo hace ya muchos años que decidí tener mi patria alrededor mía, a unos palmos de mis pies. Va conmigo y así no molesto a nadie ni permito que nadie lo haga.

A menudo la gente se crea fronteras, se encierra en sí misma, se esculpe un eslogan en la frente y se bordan su propia bandera. Hacen patria. Y a mí me da igual. Yo no voy de eso, que no me parece ni bien ni peor, pero me preocupan otras cosas.

Me quedo con las flautas. Yo soy más de música. Así que yo no le toco el pito a nadie, ni nadie me pita a mí. Yo soy más de ir a comer o a beber unos vinos que de echar un rato pitando o silbando. Cada cual tiene sus cosas, es una cuestión de preferencias.

No me siento molesto ni ofendido porque me da igual la gente que se quiere sentir superior viendo quién tiene el pito más grande, la bandera más bonita o el idioma más íntimo.

Yo puedo ser visceral con otros asuntos, casi seguro que sí. Pero mi patria empieza en mí y termina en ninguna parte.

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