Orlando

Cuando me encuentro con Hermano Oso -no más de tres veces al año- brindamos siempre por la misma persona. Es como un ritual difícil de explicar y de dejar de cumplir. Nos miramos con una sonrisa y bebemos. Nuestra amistad se cimienta en valores que están incluso por encima de la amistad. Es un credo.

La última vez fue distinta. Hermano Oso me dijo que llevaba varios días soñándose con él. Que se le aparecía en sueños. Y que no encontraba ninguna explicación.

Yo no le di más importancia hasta la semana pasada.

Lo cierto es que a mí me ha pasado lo mismo en alguna ocasión.

Hermano Oso no coincidió con Orlando en más de cinco o seis ocasiones. Yo lo llevé a él, a su familia, que era la mía, en aquel viaje iniciático en el que nos conocimos. Y Hermano Oso quedó perplejo.

Era como su alma gemela, como lo que él quería ser, como lo que queremos todos.

Recuerdo que nos descubrió Pardamaza mientras nos hablaba de los osos, y que nos enseñó aquellas antiguas minas de El Bierzo. La minería, los osos, el orujo y la integridad. A mi compañero de viaje y de vida lo acababa de alistar para siempre en su ejército.

A las semanas del primer encuentro seguíamos hablando de él. Porque Orlando era una persona mayúscula. Honesta, leal, sencilla… que enseñaba su alma y abría su casa para todo el mundo. Era el compañerismo, la lucha minera, la enseñanza, el trabajo voluntario, la política local, la familia, los amigos, la transparencia de sus ojos, la credibilidad en su voz.

Después pudimos coincidir tres o cuatro veces más a la vez. En otras ocasiones, Hermano Oso no estaba pero Orlando nunca dejaba de preguntarme por él.

Orlando sabía ver a la gente y Hermano Oso sabía que Orlando era de Toreno, y de San Telmo y de Valdelamusa, y se derramaba por los suyos como nosotros hubiéramos querido hacer. Así que en esas contadas ocasiones yo tuve la suerte de quedarme a un lado mientras hablaban de cosas sencillas, curiosas y cotidianas.

Admiración era lo que sentíamos… y nos dolió su marcha.

Hermano Oso lleva un tiempo acordándose de él, soñando con él. Y sin saber el porqué, mi Hermano Oso se eleva y se pierde queriendo encontrar una justificación o mensaje.

Y cuando suena el río, suena el río.

Le debemos una visita porque creímos en él. Y no bastan tres brindis si no recuperamos todas sus palabras.

Hace unos días le pregunté qué había significado Orlando para él. Me dijo que iba a intentar expresarlo. Y yo le mandé este folio para que lo terminase de escribir a partir de aquí. Hoy me ha contestado.

Mi hermano habla con mis palabras y con mi voz, así que siempre dice lo que yo quiero decir.

“A distintas horas hay otros colores, otros sabores, otras personas.  A distintas horas. Con los mismos recuerdos… sobre personas, sobre momentos. Y ahí, ahí siempre está Orlando. Siempre está Orlando. Eso es lo que te puedo decir de Orlando. Que vive conmigo, Aparato. Que vive conmigo”.

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