Morente

Cuando una mañana veáis a niños cantar números por la tele sabréis que ha empezado la Navidad. Polvorones, uvas, petardos y villancicos. Empezamos con el Rey y terminamos con los Reyes. Las ausencias llenan los corazones y las estrellas los árboles.

Enrique no quería que en una fecha tan señalada los gitanos dejasen de cantar, él ya había pasado por esto. Apenas unos días antes de Nochebuena su amigo Carlos Cano nos abandonó. “Se ha roto el alambre de todo lo que nos sostenía”, dijo Morente ante su féretro. Así que él decidió tener una estrella antes de que volviera a suceder. Eligió ser estrella y no ausencia. Y fue su Estrella la que le trajo a su amigo Carlos para que le cantara la Habanera imposible: “Granada, no tengas miedo de que el mundo sea tan grande, de que el mar sea tan inmenso…”

El disco número uno de la historia se llama Omega, es paradójico. Como también lo es que Enrique ahora se vuelva estrella. Su humildad no le permitió serlo antes. El maestro llena el cielo del Albayzín y la calle Real del Alosno, donde cantaba con Arcángel. Los árboles y los belenes y, aunque parezca increíble, es cierto.

Llena todo ahora igual que siempre. A los flamenco y a los rockeros. Por soleás y por seguiriyas. En el Café de Chinitas y en Benicassim. Con Pepe de la Matrona y con Antonio Arias. Con Antonio Chacón y con  Jota.

Y antes de que empezase el llanto de la guitarra, Enrique cantó: “Y yo prefiero la muerte antes que seguir allí así. Otros prefieren quedarse aunque no puedan vivir”, porque él quería llenar la Navidad siendo estrella y no ausencia. “Estrella llévame a un mundo con más verdades, con menos odios”. La ha tenido siempre a su lado, ahora se ha convertido en ella.

Odiel, 20 de diciembre de 2010.-

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